La IA pone en riesgo más de 200.000 empleos en la banca europea
La imagen es poderosa: rascacielos financieros, pantallas encendidas y algoritmos trabajando en silencio. Pero detrás de esa postal moderna hay una realidad menos estética. Según un análisis de Financial Times, apoyado en estimaciones de Morgan Stanley, la inteligencia artificial (IA) podría poner en riesgo más de 200.000 empleos en la banca europea de aquí a 2030.

No es una predicción apocalíptica, sino una consecuencia lógica de una industria sometida a una presión creciente para reducir costes y mejorar su rentabilidad.
EL AJUSTE QUE YA SE VE EN LOS NÚMEROS
Morgan Stanley calcula que los bancos europeos podrían recortar alrededor del 10% de sus plantillas en los próximos cinco años. En cifras absolutas, hablamos de unos 212.000 puestos de trabajo sobre un total de 2,12 millones de empleados.
El motivo es doble: por un lado, el avance de la digitalización y el cierre de oficinas físicas; por otro, la adopción acelerada de la IA como herramienta para ganar eficiencia.
“Muchas entidades ya hablan abiertamente de mejoras de eficiencia de hasta el 30% gracias a la IA y la digitalización”, señalan los analistas del banco estadounidense. Para los inversores, ese dato no pasa desapercibido.
DÓNDE CAERÁ LA TIJERA
El ajuste no será homogéneo. Los recortes se concentrarán sobre todo en los servicios centrales de las entidades: back office, middle office, gestión de riesgos y cumplimiento normativo. Son áreas intensivas en procesos repetitivos, justo donde la automatización ofrece mayor retorno.
“La IA no va a sustituir al banquero que decide, sino al proceso que se repite”, apuntan los expertos de Morgan Stanley. Y eso tiene una lectura bursátil clara: menos costes estructurales y mejores ratios de eficiencia, una de las métricas más vigiladas por el mercado.
PRESIÓN INVERSORA Y COMPARACIÓN CON EEUU
El contexto importa. La banca europea lleva años intentando cerrar la brecha de rentabilidad con sus rivales estadounidenses. Los retornos sobre capital siguen siendo inferiores y las palancas tradicionales de ahorro ya se han agotado. De ahí que la IA aparezca como la última gran bala.
“Las rondas clásicas de reducción de costes han perdido fuerza; ahora la tecnología es la vía más creíble para mejorar el cost-to-income”, explican desde la entidad. Países como Francia y Alemania, con ratios de costes elevados y fuerte exposición al negocio minorista, aparecen como los más expuestos al cambio.
LOS BANCOS YA MUEVEN FICHA
No es un escenario teórico. ABN Amro ha anunciado planes para recortar cerca del 20% de su plantilla hasta 2028, mientras que en Société Générale su consejero delegado ha sido tajante: “Nada es sagrado” en la lucha contra una estructura de costes demasiado pesada.
En paralelo, entidades como UBS ya experimentan con el uso de IA para convertir a sus analistas en avatares digitales que se comunican con clientes. “Quien aún dude del impacto de la IA en los servicios financieros debería explorar las herramientas que ya existen”, afirma Jason Napier, responsable de análisis bancario europeo en UBS.
ENTRE LA EFICIENCIA Y EL RIESGO A FUTURO
No todos aplauden sin matices. Desde JP Morgan, su máximo responsable para Europa, Oriente Medio y África advierte de los peligros de una adopción precipitada. “Hay que tener cuidado de no perder los fundamentos básicos del negocio bancario”, señala Conor Hillery. El riesgo, añade, es sacrificar la formación de los perfiles junior en tareas esenciales mientras se automatiza demasiado rápido.
Ese equilibrio será clave también para los inversores. La IA promete ahorro y rentabilidad, pero una ejecución deficiente puede generar problemas operativos y reputacionales.
CONCLUSIÓN
La inteligencia artificial no solo transformará cómo funcionan los bancos europeos, sino cuántas personas necesitarán para hacerlo. Para el mercado, el mensaje es claro: la IA es una palanca poderosa para mejorar márgenes y eficiencia, justo lo que la banca europea necesita para convencer a los inversores.
Pero como recuerda Financial Times, el verdadero reto no será recortar rápido, sino hacerlo bien. En esa frontera entre eficiencia y riesgo se jugará buena parte del atractivo bursátil del sector en los próximos años.



