Los consumidores de Reino Unido reducen gastos y las ventas minoristas caen un 0,4% en febrero
Las ventas minoristas de Reino Unido disminuyeron por primera vez desde noviembre y, en febrero, cayeron un 0,4%, menos de lo previsto, pero después de haber registrado en enero una subida del 2% y el mayor crecimiento en un año y medio, según las cifras de la Oficina Nacional de Estadística (ONS).

En comparación con el mismo mes del año pasado, el volumen de ventas del comercio minorista aumentó un 2,5%, más de lo esperado, pero muy por debajo del dato de enero, cuando subieron un 4,8%.
Los consumidores británicos han empezado a reducir sus gastos antes incluso de un probable impacto en marzo en la economía ante las consecuencias de la guerra en Oriente Medio.
En febrero, las ventas en supermercados retrocedieron tras el aumento registrado en enero, pero se mantuvieron por encima de los niveles de diciembre de 2025. Las ventas en tiendas de artículos para el hogar también disminuyeron durante el mes y los minoristas indicaron que las lluvias redujeron la demanda.
En concreto, otros comercios no alimentarios registraron un aumento del 1,4% en las ventas durante el mes, seguidos por un incremento del 0,8% en los grandes almacenes. Por otro lado, las tiendas de artículos para el hogar cayeron un 2,6% y las de textiles, ropa y calzado un 1%.
"Era previsible una caída en el volumen de ventas, dado el aumento inusualmente elevado de las ventas de productos no alimentarios en enero. El incremento del mes pasado fue difícil de interpretar como algo más que un ruido, ya que parte de él se debió a las fuertes subastas de artículos como obras de arte y antigüedades, mientras que las ventas de alimentos y del sector no minorista también fueron sorprendentemente sólidas. Por lo tanto, no sorprende que todas las principales subcategorías registraran leves descensos intermensuales en las ventas de febrero".
Es lo que comenta Matt Swannell, asesor económico jefe del EY ITEM Club, que añade que, "inicialmente, una mayor caída de las ventas en febrero parecía probable dada la magnitud y los factores que impulsaron el significativo aumento de enero, especialmente tras la revisión al alza de las cifras del mes pasado". Cree que existe la posibilidad de que se produzca una mayor debilidad a corto plazo.
"Los datos publicados hoy son anteriores al estallido del conflicto en Oriente Medio, que ha empeorado aún más las perspectivas del sector minorista. El crecimiento de los ingresos reales de los hogares ya se estaba ralentizando debido al menor crecimiento salarial y al aumento del desempleo. Sin embargo, la reciente subida de los precios del petróleo y el gas implica que una mayor inflación agravará la situación", indica.
Asimismo, considera que "existen indicios tempranos de que las consecuencias del conflicto han afectado la confianza del consumidor, lo que podría llevar a los hogares a posponer algunas decisiones de gasto" y, en general, prevé que el crecimiento del gasto del consumidor se mantendrá moderado este año.
Para Dan Coatsworth, jefe de mercados de AJ Bell, "la lluvia frustró las expectativas de los minoristas que esperaban una buena jornada en febrero. No hay nada peor que el mal tiempo para el sector minorista, ya que los consumidores quieren mantenerse secos en el interior y no mojarse en cuanto salen a la calle".
Además, ve que el bajo rendimiento de febrero también podría deberse a un buen mes de enero, "en el que los compradores aprovecharon las ofertas y sintieron que ya habían tenido suficiente terapia de compras por un tiempo".
"A pesar de los resultados poco alentadores de febrero, los datos de ventas minoristas no fueron un desastre total" y "los minoristas tendrán que considerar las cifras de los últimos tres meses como un éxito, ya que la situación podría empeorar mucho a partir de ahora. La crisis de Oriente Medio podría provocar un shock inflacionario debido al alza de los precios del petróleo y el gas y ya se observan indicios de que la confianza del consumidor ha vuelto a caer. El Banco de Inglaterra podría tener que subir los tipos de interés para combatir la inflación, lo que encarecería el acceso al crédito y el pago de deudas para consumidores y empresas", dice.
A esto se suma que "el aumento del precio de la energía encarece llenar el depósito del coche o calentar agua para una taza de té y podría repercutir en un aumento de los precios de los alimentos, las bebidas y la ropa. Es posible que los hogares no tengan más remedio que controlar sus gastos con mayor rigor, lo cual es una pésima noticia para los comerciantes".




