El BCE reconoce en sus actas que la guerra es un "importante evento de riesgo"
El Banco Central Europeo (BCE) reconoce en las actas de su reunión de mediados de marzo que "la guerra en Oriente Medio representa un importante evento de riesgo", que tendrá "un marcado impacto" en la inflación a corto plazo debido al aumento de los precios de la energía, con lo que, en este contexto, mantener los tipos de interés sin cambios fue "un enfoque prudente".

Como recoge el documento, el organismo evaluó en este encuentro cómo la guerra podría afectar al crecimiento y la inflación en diferentes escenarios ilustrativos.
"El análisis de escenarios sugirió que una interrupción prolongada del suministro de petróleo y gas daría lugar a una inflación superior y un crecimiento inferior a las proyecciones de referencia en 2026 y 2027. Las implicaciones para la inflación a medio plazo dependían de la magnitud de los efectos indirectos y de segunda ronda de una crisis energética más fuerte y persistente. En el escenario más severo, la inflación a medio plazo se situaría muy por encima del objetivo si no se adoptaran medidas políticas adicionales a las contempladas en el escenario de referencia. Por el contrario, si las perturbaciones en los mercados de materias primas derivadas de la guerra terminaran antes de lo previsto y los efectos de segunda ronda se mantuvieran contenidos, la inflación sería menor y el crecimiento mayor que en el escenario de referencia en 2026 y 2027".
Así lo explica el texto del BCE, en el que se reitera que la guerra en Oriente Medio había "aumentado significativamente la incertidumbre de la perspectiva, creando riesgos al alza para la inflación y riesgos a la baja para el crecimiento" y que, de cara al futuro, "ensombrecía las perspectivas de crecimiento al perturbar los mercados de materias primas y afectar a los ingresos reales y la confianza, lo que probablemente frenaría el consumo privado y la dinámica de la inversión".
No obstante, las implicaciones a medio plazo de la guerra dependerían tanto de la intensidad y la duración de la crisis energética (vinculada a la intensidad y la duración del conflicto) como de la fuerza y la amplitud de la propagación de dicha crisis a la economía y la inflación.
Las actas destacan que el Consejo de Gobierno del BCE está "bien posicionado" para afrontar esta incertidumbre y que "la credibilidad del BCE para hacer todo lo necesario para cumplir con su mandato también era elevada".
En este contexto, y dada la rápida evolución de la situación, consideró que "tenía el deber de mantener la calma, la concentración, la responsabilidad ante los ciudadanos europeos y el pleno compromiso con el cumplimiento de su mandato". En este sentido, los miembros destacaron su determinación colectiva de garantizar que la inflación se estabilice en el objetivo del 2% a medio plazo, preservando al mismo tiempo la agilidad para responder a medida que evolucionara la perspectiva de la inflación.
Por ello, explican que todos los miembros estuvieron de acuerdo con la decisión de dejar sin cambios los tipos de interés, ya que "la opción de esperar resultaba ventajosa en esta ocasión".
"Dado que la postura política actual era, en general, neutral y la próxima reunión de política monetaria se celebraría en tan solo seis semanas, el enfoque habitual de revisar las decisiones reunión por reunión aún proporcionaba al Consejo de Gobierno suficiente flexibilidad para reaccionar con rapidez si fuera necesario. Asimismo, estaba en consonancia con el enfoque basado en datos, ya que permitiría al Consejo de Gobierno disponer de más tiempo para observar la evolución de la guerra, comprender la magnitud y la persistencia del impacto y evaluar el alcance de los posibles efectos colaterales antes de tomar medidas", indican las actas.
Eso sí, admiten que el Consejo de Gobierno debía estar preparado para cualquier eventualidad, pues los acontecimientos recientes habían demostrado que el entorno podía cambiar rápidamente y era probable que la incertidumbre sobre la guerra y su impacto económico se mantuviera muy alta en el futuro.
En cuanto a las perspectivas de inflación, se espera que vuelva al objetivo en 2027, pese a que la guerra en Oriente Medio "había alterado fundamentalmente el panorama y, además, lo había vuelto mucho más incierto".
"El aumento de los precios de la energía tendría un impacto significativo en la inflación a corto plazo, elevándola considerablemente por encima del 2%, lo que contrastaba con la previsión anterior de que se situaría ligeramente por debajo del objetivo. En consonancia con esto, las expectativas de inflación en los mercados financieros habían aumentado significativamente a corto plazo", dicen.
Finalmente, sobre la comunicación, los miembros del BCE volvieron a repetir que las futuras decisiones sobre los tipos de interés seguirán basándose en su evaluación de las perspectivas de inflación y los riesgos asociados, a la luz de los datos económicos y financieros que se vayan publicando, así como de la dinámica de la inflación subyacente y la eficacia de la transmisión de la política monetaria.
Así, "el Consejo de Gobierno seguirá adoptando un enfoque que dependa de los datos y que se adapte a cada reunión para determinar la postura de política monetaria adecuada, sin comprometerse previamente con una trayectoria de tipos de interés concreta".
GIRO HACIA UNA POSTURA MÁS RESTRICTIVA
Los analistas de ING consideran que las actas de la reunión de marzo del BCE "confirman un giro hacia una postura más restrictiva", pero "sin necesidad de reaccionar de forma exagerada", y "también ilustran que no tiene prisa por actuar".
"En la última reunión, hace un mes, el BCE ya mostraba mayor preocupación por los riesgos inflacionarios derivados de la guerra en Oriente Medio y adoptó una postura claramente más restrictiva. Las actas recién publicadas refuerzan este cambio y muestran a un BCE sin prisa por reaccionar", señalan.
De cara a la reunión de abril, creen que "es obvio que su famoso buen lugar ya no existe. En cambio, el BCE ha vuelto al modo de crisis, desviando su atención de las proyecciones a largo plazo hacia la evolución real, retomando un enfoque de actuación inmediata".
"Las variables clave a observar son los datos reales de inflación, las expectativas de inflación a largo plazo basadas en encuestas y la evolución salarial, todo lo cual se sopesará frente al riesgo de desaceleración de la actividad económica y las preocupaciones sobre la estabilidad financiera. Sin embargo, en dos semanas solo se dispondrá de datos limitados: la inflación de marzo, algunos datos de inflación de países correspondientes a abril y las estimaciones iniciales del PIB del primer trimestre el día de la reunión. Siendo honestos, esto no parece suficiente para generar un cambio significativo, a menos que los fantasmas de 2022 realmente quiten el sueño a los responsables políticos. A juzgar por los últimos comentarios de los funcionarios del BCE, no es así", explican.
Más allá de la reunión de abril, estiman que el BCE prevé una ola inflacionaria inicial, que comenzará con los precios de la gasolina, seguida de efectos en cadena sobre los costes del transporte, los precios de los alimentos y otros productos industriales. Y "mientras esta ola se mantenga como única y temporal, no hay necesidad de que el BCE suba los tipos de interés".
Dicho esto, ven que persisten tres posibles puntos débiles para el BCE: uno psicológico, es decir, una inflación general superior al 4%, que reavivaría recuerdos incómodos de 2022; uno analítico, es decir, una inflación subyacente superior al 3%, que indicaría presiones inflacionarias más amplias; y uno de credibilidad, es decir, un aumento repentino de las expectativas de inflación basadas en encuestas, lo que haría cada vez más difícil justificar la inacción".
"Cuanto más se prolongue el bloqueo del estrecho de Ormuz, mayor será la probabilidad de que se produzcan algunos de estos puntos débiles. Por eso vemos ahora al BCE anunciando al menos una subida de tipos de interés, siguiendo la tradición de recortes en este ámbito. Algunos incluso lo calificarían de error político", concluyen.




