Memoria contra el pánico: por qué este rally es más normal de lo que parece
“Esta vez no es diferente.” La frase suena a advertencia, pero en boca de Jeffrey Ptak, director de investigación de Morningstar, es casi un antídoto contra el alarmismo. En un momento en el que muchos inversores miran a la bolsa estadounidense con sospecha (demasiado tiempo subiendo, demasiado fuerte, demasiado frágil), un gráfico centenario pone las cosas en perspectiva.

El informe trimestral Market Observer de Morningstar rescata el arco completo del mercado estadounidense desde 1926. No es solo un ejercicio estético. Es una lección de memoria histórica para inversores.
MITO 1: ESTA RECUPERACIÓN ES EXCESIVA
Uno de los temores recurrentes es que el mercado haya subido “demasiado” y que el castigo sea inminente. Pero los datos cuentan otra historia.
Desde 1926 ha habido 11 expansiones, con una duración media de 69 meses y una rentabilidad acumulada media del 224%, equivalente a un 20,8% anual.
La actual expansión, a cierre de diciembre de 2025, llevaba 25 meses y ofrecía una rentabilidad anual del 21,4%. Es decir, está alineada con la media histórica, no desbocada.
Incluso si se mide desde el mínimo de septiembre de 2022, el mercado ha subido un 93%, con una rentabilidad anual del 22,5%.
“En este contexto, no parece inusualmente larga ni fuerte”, subraya Ptak. La historia indica que lo verdaderamente extraordinario sería asumir que estamos ante algo fuera de lo común.
Para el inversor, el mensaje es claro: vender por la simple sensación de “esto no puede durar” puede ser más emocional que racional.
MITO 2: EL MERCADO ALCISTA ESTÁ EN DECLIVE
Han pasado más de tres años desde el suelo de septiembre de 2022. Para muchos, eso suena a ciclo agotado. Pero la media histórica vuelve a enfriar el dramatismo.
Desde 1926, el mercado ha tardado una media de 37 meses en recuperar las pérdidas tras una caída del 20% o más. Y si sumamos recuperación y expansión, el trayecto desde un mínimo hasta el siguiente máximo ha durado, en promedio, cerca de nueve años.
“El mercado no se mueve en líneas rectas, pero tampoco muere de viejo”, podría resumirse la idea. Según los propios datos del gráfico de duración de recuperaciones y expansiones, el ciclo actual está lejos de agotar su recorrido histórico medio.
Para quien gestiona cartera, esto no implica bajar la guardia, pero sí evitar decisiones precipitadas basadas en el calendario más que en los fundamentales.
MITO 3: UNA SOLA CAÍDA LO ARRUINA TODO
El fantasma de 2008 sigue vivo. Es cierto que una caída severa puede borrar años de rentabilidad. Morningstar recuerda que antes de la crisis financiera, la bolsa ofrecía un 4,5% anual real a diez años, y poco después se hablaba de “década perdida”.
Sin embargo, la perspectiva de un siglo introduce matices. En los últimos 100 años, el mercado ha pasado 142 meses en fase bajista y otros 349 meses recuperando máximos previos. Aproximadamente el 40% del tiempo ha estado cayendo o recomponiéndose.
Lejos de ser un argumento contra la renta variable, esto refuerza su naturaleza: no es una historia de progreso lineal, sino de resiliencia. “No hay nada malo en prepararse para las adversidades periódicas”, recuerda Ptak, defendiendo la diversificación , especialmente con bonos, para quienes están cerca de la jubilación
IMPLICACIONES PARA EL INVERSOR
¿Qué hacer con todo esto? Primero, relativizar. Segundo, mantener disciplina. Y tercero, recordar que los ciclos no se juzgan por sensaciones, sino por datos.
El gráfico de Morningstar no promete rentabilidades futuras ni elimina el riesgo. Pero sí desmonta tres narrativas peligrosas: que el mercado está desbocado, que está exhausto y que cualquier caída será terminal.
MEMORIA CONTRA EL PÁNICO
La bolsa estadounidense no es una autopista sin curvas. Es una carretera de montaña: subidas largas, descensos bruscos y tramos de recuperación paciente. Pero el destino, históricamente, ha sido ascendente.
En un entorno donde el ruido es constante, el gráfico centenario de Morningstar funciona como brújula. No elimina el miedo, pero lo contextualiza. Y para el inversor que busca decisiones informadas, no impulsivas,, esa diferencia lo es todo.



