Irán también golpea a los alimentos: "Es solo cuestión de tiempo que los precios suban drásticamente"
El conflicto en Irán ha puesto a la economía global contra las cuerdas. No solo se espera una mayor inflación impulsada por la energía, ante la subida de los precios del petróleo y el gas que se ha producido tras el cierre de facto del estrecho de Ormuz, sino también a un incremento de la inflación de los alimentos. Los expertos ya avisan: "Es solo cuestión de tiempo que los precios mundiales de los alimentos comiencen a subir drásticamente".

Son palabras de Ipek Ozkardeskaya, analista sénior de Swissquote, que dice que esto, a su vez, "aumentará la presión sobre los precios al consumidor". ¿Y a qué se debe? Pues a la subida que están experimentando los fertilizantes por el conflicto en Oriente Medio.
"Hace más de un siglo, dos científicos alemanes desarrollaron un proceso que cambió la agricultura mundial para siempre", recuerda esta analista. "Conocido como el proceso Haber-Bosch, produce fertilizantes combinando nitrógeno del aire con hidrógeno. El proceso depende en gran medida del gas natural, y la región del Golfo gestiona una gran parte del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados", detalla.
Los fertilizantes nitrogenados "son esenciales para la agricultura moderna y sustentan aproximadamente la mitad de la producción mundial de alimentos", y de ahí que el conflicto en Irán, y sobre todo la parálisis en la que se encuentra el estrecho de Ormuz, haya puesto en jaque a la agricultura.
Los estrategas de Danske Bank también se han referido a la delicada situación de los fertilizantes en uno de sus recientes informes. "Gracias a sus abundantes reservas de gas, el Golfo Pérsico es una de las regiones de mayor importancia estratégica para el suministro mundial de fertilizantes", comentan.
Tal y como explican, "aproximadamente entre el 25% y el 35% de las exportaciones mundiales de fertilizantes nitrogenados provienen de la región", pero esas exportaciones "dependen en gran medida de las rutas marítimas, como el estrecho de Ormuz, y solo pequeñas cantidades pueden desviarse por tierra o ferrocarril".
"Los agricultores del hemisferio norte compran fertilizantes, en particular, entre marzo y mayo, antes de la temporada de siembra", indican también estos analistas, que remarcan que ahora, con el aumento de los precios, "los agricultores podrían retrasar o reducir las compras, lo que repercutiría negativamente en el rendimiento de los cultivos" y, en cualquier caso, "el resultado sería un aumento de los precios de los alimentos".
Esto podría afectar enormemente a Europa, que se encuentra, según los estrategas de Rabobank, en una "mala posición" ante esta crisis inminente. En cambio, destacan, "EEUU, junto con las Américas, es autosuficiente en muchos productos básicos que se ven obstaculizados directa o indirectamente a través de Ormuz".
"Esto incluye fertilizantes, lo que significa que el suministro de alimentos de Estados Unidos y Latinoamérica podría mantenerse seguro cuando otros no lo estén", señalan.
SOBRECOSTE PARA EL CAMPO
El consumidor final aún no ha empezado a notar aumentos en los precios de los alimentos (sí en el caso del combustible y de la luz), pero la situación podría cambiar dentro de poco, al calor del "sobrecoste" que ya está sufriendo el campo español debido al conflicto en Irán.
La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) asegura que la subida del gasóleo agrícola o gasóleo B y de la urea, uno de los fertilizantes nitrogenados más usados, ha provocado un aumento de los costes de "2,4 millones de euros diarios, o unos 17 millones de euros en los últimos siete días".
Según sus cálculos, en la última semana el precio del gasóleo agrícola o gasóleo B se ha disparado un 41% -ha pasado de 0,85 a 1,20 euros/litro-, mientras que el de la urea ha crecido un 20%, de 500 a los 600 euros/tonelada. Esto puede convertirse en un grave problema, comentan desde COAG, y es que "el campo español consume cada año 2.000 millones de litros de gasóleo agrícola y 1,9 millones de toneladas de urea".
Tal y como denuncia, estos incrementos no responden a una "escasez real" de gasóleo o de urea, sino a una "anticipación especulativa" por parte de los distribuidores, que "están repercutiendo en el agricultor un riesgo potencial sobre suministros futuros, cargando ese coste sobre el stock que ya tienen en almacén y que compraron al precio anterior".
COAG afirma que la subida del gasóleo no está justificada, y destaca que "el argumento para la subida de la urea es aún menos sólido", ya que los datos de comercio exterior sitúan a Marruecos, Argelia, Egipto y Rusia como los grandes proveedores de fertilizantes nitrogenados para el campo español. Pero aún así, la guerra en Irán ya les está afectando.
En su opinión, "el agricultor español está pagando una prima de guerra por un conflicto que no afecta directamente a su cadena de suministro real de fertilizantes", y es que los suministros españoles no dependen del estrecho de Ormuz "ni se ven afectados directamente por el conflicto en curso".
Y la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja) también ha denunciado esta situación. Según dice, "la subida llega en plena campaña de abonado de cobertera -entre finales de invierno y primavera-, uno de los momentos del año en los que más fertilizantes se utilizan en los cultivos, lo que multiplica el impacto económico sobre las explotaciones agrarias".
Esta asociación, no obstante, afirma que el sobrecoste para el campo es mucho mayor. Cifra en más de 41 millones de euros a la semana el gasto adicional de los agricultores por la guerra de Irán, ante el encarecimiento del gasóleo y de los fertilizantes. Es decir, calculan que esto supone casi 6 millones de euros diarios.
Según apunta, "estas cifras reflejan la magnitud del problema al que se enfrenta el sector agrario". No obstante, también remarca que "el aumento de los costes de los insumos se produce en un contexto en el que agricultores y ganaderos tienen una capacidad muy limitada para trasladar estos incrementos al precio final de los alimentos". Sin embargo, los expertos vaticinan que acabará pasando y que el consumidor notará más pronto que tarde en su bolsillo los efectos del conflicto en Oriente Medio.




