Funcas dice que la economía crece, pero no invierte, lo que "amenaza la productividad futura"
A pesar del fuerte crecimiento económico, la inversión privada productiva en España sigue por debajo de los niveles prepandemia, según destacan en Funcas, cuyo último número de Cuadernos de Información Económica analiza por qué el actual ciclo expansivo no se ha traducido en un impulso inversor acorde con los desafíos de productividad, transformación tecnológica y competitividad a largo plazo.

Raymond Torres constata la languidez de la inversión productiva: entre los sectores institucionales, las empresas no financieras son las que menos han invertido en el último lustro, con una reducción de su formación bruta de capital fijo del -1,4% desde 2019, descontando la inflación. La cifra contrasta con la inversión pública, que se incrementó casi un 50% durante el mismo periodo, siempre en términos reales, por el impulso de los fondos Next Generation, y con la evolución del PIB, que se sitúa ya un 10% por encima del nivel prepandemia.
Torres identifica la incertidumbre, tanto internacional como doméstica, como factor clave de este comportamiento, que se traduce en un sobreahorro empresarial y en una menor asunción de riesgos a largo plazo. En su opinión, urge abordar las trabas que limitan el efecto tractor del programa Next Generation, aportando también seguridad jurídica, estabilidad institucional y diversificando los instrumentos de la financiación de la economía.
El artículo de Vicente Salas desmonta una de las ideas más repetidas del debate económico reciente: que la falta de inversión se deba simplemente a una escasez de beneficios. Su análisis muestra que muchas empresas sí generan resultados positivos, pero no la rentabilidad real suficiente como para justificar nuevas inversiones una vez descontado el coste del capital y el riesgo asumido. La clave, concluye Salas, no está tanto en cuánto ganan las empresas, sino en cuánto valor económico crean realmente, una diferencia crucial para entender por qué la inversión productiva sigue estancada incluso en fases de expansión.
Antonio Cabrales analiza cómo la IA afecta al empleo. En su artículo explica que la IA no destruye empleo de forma masiva, pero sí reordena silenciosamente el mercado laboral, desplazando tareas, alterando trayectorias profesionales y, sobre todo, estrechando los puestos de entrada para los trabajadores jóvenes. El riesgo, advierte Cabrales, no es un paro tecnológico inmediato, sino una economía que incorpore la IA sin invertir lo suficiente en educación y recualificación, ampliando brechas y bloqueando la movilidad social. La tecnología, concluye, puede elevar la productividad o cronificar las desigualdades: la diferencia la marca la inversión en capital humano.
Joaquín Maudos estudia la rentabilidad empresarial por sectores, tamaños y territorios y señala que la mejora reciente de los márgenes empresariales no equivale a un cambio estructural en la capacidad de invertir. Su análisis evidencia que la rentabilidad sigue siendo desigual, frágil y muy dependiente del ciclo, con amplias capas del tejido productivo -especialmente microempresas y pymes- atrapadas en niveles de productividad demasiado bajos como para sostener inversión, innovación y crecimiento.
Pedro Cuadros, Francisco Rodríguez y Nuria Suárez analizan el auge del sistema financiero no bancario y sus implicaciones para la estabilidad financiera. Muestran que el problema del sistema financiero no bancario no es tanto su tamaño actual en España como su dinámica. Aunque su peso sigue siendo menor que en otras economías, el crecimiento del crédito privado y del crédito apalancado introduce opacidad, interconexiones difíciles de rastrear y riesgos de contagio que escapan en gran medida al perímetro regulatorio. El artículo advierte de que esta expansión puede estar canalizando financiación hacia inversiones de menor calidad y acumulando vulnerabilidades fuera del sistema bancario tradicional, justo donde la supervisión es más débil.
El área Financiera y de Digitalización de Funcas examina el impacto de la inteligencia artificial sobre la productividad, el empleo y los mercados financieros. El artículo indica que los mercados financieros han ido mucho más rápido que la economía real en descontar los efectos de la inteligencia artificial. El análisis pone de relieve la creciente brecha entre las expectativas incorporadas en las valoraciones bursátiles y la lenta y desigual adopción efectiva de la IA en los procesos productivos.
Esta desconexión, señala el artículo, eleva el riesgo de malas asignaciones de capital y de concentración de beneficios en pocas empresas, transformando una tecnología con potencial productivo en una fuente de ineficiencias si la inversión responde más al relato que a los fundamentales.



