Dos acciones nucleares para aprovechar el boom energético de la inteligencia artificial
Durante años, la energía nuclear fue un sector incómodo para el mercado. Fukushima congeló proyectos, hundió el precio del uranio y convirtió a muchas compañías del sector en reliquias bursátiles de otra época. Ahora la historia empieza a cambiar radicalmente.

La inteligencia artificial, los centros de datos y la necesidad desesperada de electricidad estable están devolviendo la energía nuclear al centro del tablero energético mundial. Y Wall Street ya ha empezado a posicionarse. Según el análisis de Leo Sun, experto de The Motley Fool, dos compañías destacan especialmente en esta nueva ola: Cameco y BWX Technologies.
LA IA NECESITA MÁS ELECTRICIDAD DE LA QUE EL MERCADO IMAGINABA
El gran cambio no está solo en la energía nuclear. Está en la demanda eléctrica que viene detrás de la revolución tecnológica actual.
Leo Sun recuerda que el crecimiento de la inteligencia artificial, la nube y los centros de datos está impulsando un renovado interés global por la energía nuclear.
Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), la capacidad nuclear mundial podría aumentar más de un 50% entre 2025 y 2050.
Y ahí aparece una lectura que empieza a ganar fuerza en Wall Street: quizá la verdadera infraestructura de la inteligencia artificial no sean solo los chips. También es la electricidad necesaria para alimentarlos.
“El mercado empieza a entender que no hay revolución tecnológica sin una expansión energética gigantesca”, sostiene el análisis.
CAMECO: EL REGRESO DEL URANIO
La primera apuesta destacada por Leo Sun es Cameco, el segundo mayor productor mundial de uranio tras la kazaja Kazatomprom. La compañía extrajo aproximadamente el 15% del uranio mundial en 2025 y opera minas en Canadá, Estados Unidos y Kazajistán.
Durante años, Cameco sufrió duramente las consecuencias del desastre de Fukushima. El precio spot del uranio cayó desde los 62,25 dólares por libra en 2011 hasta apenas 35 dólares en 2020, obligando a la empresa a cerrar temporalmente algunas de sus mayores minas. Ahora el escenario es completamente distinto.
A finales de abril, el uranio cotizaba alrededor de 86,35 dólares por libra, al tiempo que los analistas de Citi vaticinan que podría alcanzar los 125 dólares este año ante una demanda que empieza a superar claramente la oferta.
Sun destaca además otro movimiento estratégico importante: la adquisición de Westinghouse Electric junto a Brookfield Asset Management en 2023.
La operación reduce la dependencia directa del precio del uranio y transforma progresivamente a Cameco en una compañía nuclear mucho más diversificada.
BWX: LOS PICOS Y PALAS DE LA ENERGÍA NUCLEAR
La segunda apuesta del análisis tiene un perfil diferente. BWX Technologies no se dedica principalmente a extraer uranio. Fabrica componentes, sistemas de combustible y reactores nucleares especializados.
Leo Sun describe a BWX como uno de los grandes termómetros del sector nuclear estadounidense gracias a su exposición tanto al mercado comercial como al de defensa.
La compañía se beneficia especialmente del auge de los pequeños reactores modulares (SMR), reactores más compactos y fáciles de desplegar que empiezan a ganar atractivo para alimentar centros de datos y zonas remotas.
A cierre de 2025, la cartera de pedidos de BWX creció un 50% interanual hasta los 7.300 millones de dólares.
“El mercado ya no ve la energía nuclear como una tecnología del pasado”, sugiere Sun. “Empieza a verla como una solución para sostener el crecimiento energético de la IA”.
EL MERCADO YA ESTÁ PAGANDO POR EL FUTURO
El entusiasmo bursátil también tiene riesgos. Tanto Cameco como BWX cotizan con múltiplos elevados. Cameco alcanza unas 33 veces el EBITDA ajustado previsto para este año, mientras BWX ronda las 30 veces.
No son valoraciones baratas. Y el propio análisis reconoce implícitamente que parte del optimismo futuro ya está descontado por el mercado.
Pero Wall Street parece dispuesto a pagar primas altas por compañías posicionadas en sectores estratégicos ligados a energía, IA, defensa, y seguridad energética.
Porque quizá el verdadero cuello de botella de la revolución tecnológica no sea solo fabricar chips. También sea producir suficiente electricidad para mantenerlos funcionando.




