Irán y su efecto en la energía: "Hay que prepararse para cortes de suministro en cascada"
La energía está en el punto de mira del conflicto en Irán. Cada vez hay más nerviosismo en el mercado por lo que está pasando con el Estrecho de Ormuz, que está prácticamente cerrado, y también por los ataques a otras instalaciones clave, como las relacionadas con el GNL de Qatar. Los inversores no saben qué esperar, aunque desde RBC Capital Markets avisan: "Hay que prepararse para cortes de suministro en cascada".

Así lo afirman los expertos del banco canadiense en un reciente informe, en el que analizan la situación de los suministros, como el petróleo y el gas, que pasan por el Estrecho de Ormuz ahora que las tensiones se han intensificado. "La trayectoria final de los precios dependerá de la duración y el grado de interrupción que genere el conflicto", pero la capacidad de atacar con drones, así como las reservas de misiles de Irán, sugieren que estamos ante una situación que se prolongará en el tiempo, dicen.
Y es que aunque Irán no pueda cerrar físicamente el Estrecho de Ormuz, "sí puede desplegar adecuadamente embarcaciones pequeñas, minas, drones y misiles para garantizar que las aseguradoras y las compañías navieras sigan evitando la vía fluvial hasta el cese de las hostilidades", como ha pasado desde el ataque conjunto de EEUU e Israel el fin de semana.
La situación es tal que la mayoría de las principales aseguradoras cancelarán oficialmente la cobertura por riesgo de guerra para la vía fluvial el 5 de marzo a medianoche.
"En un escenario de conflicto prolongado, prevemos que los precios del petróleo alcanzarán los 100 dólares por barril, y los precios mundiales del gas podrían al menos alcanzar su nivel más alto desde el primer trimestre de 2023 (después de los máximos de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania)", explican estos analistas.
Tal y como dicen, la "falta de rutas de exportación alternativas seguras" podría convertir la mayoría de las exportaciones energéticas de Oriente Medio en "activos varados" si no existe un "plan viable para incentivar a las compañías navieras y aseguradoras a mover buques petroleros a través del Estrecho".
"Consideramos que el aumento de los precios del gas en Europa, es decir, el TTF, refleja con mayor precisión el verdadero perfil de riesgo de este conflicto que el modesto aumento actual de los precios del petróleo", destacan los estrategas de RBC, que ahora mismo creen que el crudo es un "indicador rezagado, más que adelantado, del riesgo potencial de un shock de suministro que supone un conflicto prolongado".
RIESGOS PARA EL SUMINISTRO
Lo cierto es que el suministro de petróleo y gas está en peligro no solo por el cierre de facto del Estrecho de Ormuz, sino también por los problemas que están registrando refinerías como la de Ras Tanura, en Arabia Saudí, o plantas de gas natural licuado (GNL) como la de Ras Laffan, en Qatar, como consecuencia de los ataques que están lanzando ambos bandos.
Ras Tanura se ha convertido en una de las primeras plantas en interrumpir sus operaciones debido al creciente conflicto en Oriente Medio. Ha dejado de refinar petróleo como medida de precaución tras un ataque con drones que Irán ha lanzado contra una instalación de almacenamiento del complejo. Se trata de una de las refinerías más grandes de Oriente Medio, y es proveedor clave de combustibles para el transporte para compradores europeos.
Por su parte, Ras Laffan ha cesado la producción de gas tras la suspensión por parte del Ministerio de Transportes de Qatar de la navegación marítima por el Estrecho de Ormuz, una decisión que adoptó tras el ataque iraní contra las instalaciones de Ras Laffan y las de Mesaieed.
"Si bien el alcance y la duración de los daños a las instalaciones aún no están claros, el cierre del suministro de GNL de Qatar tendrá un impacto significativo en el mercado", dicen desde RBC. Sobre todo, remarcan, porque "no existe una infraestructura viable para la reducción de riesgos de estos volúmenes, por lo que, incluso si las instalaciones estuvieran operativas, se necesitan rutas marítimas viables".
Y ahí reside el problema: no las hay. Según explican los estrategas del banco canadiense, "sí que existen algunas salidas de oleoductos que, en teoría, podrían moderar el impacto total del cierre del Estrecho de Ormuz", como el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí (capacidad de 7 mb/d) y el oleoducto ADCOP de Emiratos Árabes Unidos (capacidad de 1,5 mb/d), pero solo representan unos pocos millones de barriles diarios.
Además, "ambos activos corren un grave riesgo de verse atrapados en el punto de mira del conflicto, en cuyo caso los daños podrían eliminar esta opción por completo". De hecho, recuerdan que "existen precedentes de este tipo de ataques", como se vio en el ataque de 2019 contra el oleoducto Este-Oeste por parte de drones hutíes, que dañaron dos estaciones de bombeo e interrumpieron temporalmente el flujo de crudo a través de la ruta.
"Las exportaciones desviadas a través del Mar Rojo también serían vulnerables", sin olvidar que algunos productores regionales "carecen de posibles rutas alternativas", como es el caso de Kuwait y el sur de Irak, añaden. "Debido a la falta de una infraestructura de salida adecuada, seguimos sosteniendo que Irak parece ser uno de los productores regionales de petróleo más vulnerables ante la posibilidad de cierres de producción, junto con la interrupción de los flujos en el Golfo de Oriente Medio", indican los estrategas de RBC.
También apuntan que dado que Irak "no puede canalizar los volúmenes desplazados a través del oleoducto ITP y, al mismo tiempo, enfrenta importantes limitaciones de almacenamiento de petróleo", es muy probable que tenga que comenzar a "reducir la producción si no puede utilizar el Estrecho de Ormuz para sus 3,5 millones de barriles diarios de exportaciones durante un período prolongado".
Por otro lado, desde RBC destacan que ante la creciente preocupación por el suministro de Oriente Medio, se ha empezado a especular con la posibilidad de reducir las sanciones rusas para suavizar el impacto. Algo que en el banco canadiense ven difícil. "Incluso si el presidente de EEUU, Donald Trump, así lo desea, la infraestructura de sanciones no se puede eliminar sin más, con importantes medidas de la UE y cierto respaldo del Congreso", apuntan los expertos de la firma canadiense.



