La temporada de resultados se centrará en las previsiones, con la IA y el shock energético en el centro
La temporada de resultados del primer trimestre está a la vuelta de la esquina y vendrá marcada más por las previsiones que por las cifras publicadas, en un contexto de elevada incertidumbre macro y cambios relevantes en el posicionamiento de los inversores, según destaca BNY Mellon en un reciente informe centrado en la renta variable estadounidense —especialmente en el S&P 500—, aunque con implicaciones globales.

El consenso apunta a un crecimiento del beneficio del 13% para las compañías, aunque con un rango muy amplio —entre el 9% y el 19%— que refleja la falta de visibilidad. Además, las propias empresas están mostrando un tono relativamente positivo: 59 compañías han emitido guías al alza, el mayor número desde 2022, mientras que las previsiones de ingresos y márgenes también han mejorado ligeramente.
IA Y MÁRGENES, CLAVES DEL CRECIMIENTO
El banco señala tres motores principales detrás de la expansión esperada en el primer trimestre. En primer lugar, la monetización de la inteligencia artificial (IA), que está empezando a traducirse en mejoras de eficiencia y reducción de costes. En segundo lugar, el apalancamiento operativo, con ingresos creciendo por encima de los costes. Y, en tercer lugar, el impulso fiscal derivado de medidas como el paquete de estímulo en EEUU.
De cara al segundo trimestre, el foco estará en el impacto del petróleo y los tipos de interés sobre las previsiones
Por sectores, tecnología lidera con diferencia las expectativas de mejora de márgenes, seguida de comunicaciones y financieras, mientras que salud experimenta una notable recuperación tras un periodo previo de debilidad.
Sin embargo, estos factores positivos conviven con riesgos relevantes, especialmente los derivados del repunte del petróleo y las tensiones en las cadenas de suministro desde marzo, además de la fortaleza del dólar, que penaliza a sectores con mayor exposición internacional.
ROTACIÓN DE CARTERAS Y CAMBIO DE LIDERAZGO
Uno de los aspectos más destacados del informe es el cambio en el posicionamiento de los inversores. Tecnología, servicios de comunicación y financieras han registrado salidas significativas de capital, en una rotación que ya había comenzado antes del conflicto en Oriente Medio y que refleja un giro más amplio en 2026.
Por el contrario, la energía ha ganado peso de forma clara, impulsada directamente por la guerra y el shock en el crudo, lo que la convierte en el sector más sensible a cualquier evolución del conflicto. También destacan los flujos hacia sectores con flujos de caja más estables, como consumo básico.
Este movimiento sugiere que el mercado está empezando a mirar más allá del crecimiento puro y a centrarse en la resiliencia de los beneficios en un entorno más volátil.
De cara al segundo trimestre, el foco estará en el impacto del petróleo y los tipos de interés sobre las previsiones empresariales. El informe advierte de que el déficit de oferta de crudo en marzo —estimado en unos 8 millones de barriles diarios— está manteniendo los precios elevados, con efectos de segunda ronda sobre la inflación.
Este entorno complica el escenario para muchas economías y empresas, especialmente aquellas dependientes de las importaciones energéticas o del capital extranjero. En este sentido, el análisis trasciende EEUU y pone el foco en el impacto global del shock energético, incluyendo economías como Japón, Alemania o China.
MERCADOS MÁS SENSIBLES A LAS PREVISIONES
BNY subraya que los mercados se están volviendo cada vez más sensibles a las revisiones de expectativas, con reacciones asimétricas que premian a las compañías capaces de demostrar crecimiento sólido en un entorno incierto.
Aunque la inteligencia artificial y la mejora de márgenes siguen actuando como vientos de cola estructurales, el encarecimiento de la energía, las disrupciones en las cadenas de suministro y la presión de los tipos introducen riesgos relevantes para la sostenibilidad de los beneficios.
En este contexto, la entidad apuesta por una gestión activa y por una mayor rotación sectorial, con oportunidades en compañías de crecimiento de calidad en momentos de debilidad, pero también en sectores beneficiados por la inflación y el actual entorno geopolítico.




